Afuera aún así frío y se sentía venir el otoño, aunque al mediodía estaría caluroso, pero ese día lunes Modesto estaría a esa hora en la escuela y no trabajando como si lo estaría haciendo Everaldo. En el campo de los Berrios se podía laborar bien, los patrones eran razonablemente amables e incluso dejaban que Modesto montara junto a los niños que vivían en la cazona o venían desde Santiago. Obviamente un muchacho grandote y fuerte tenía que llamar la atención de las niñas, incluso de las señoritas y el con un aire de torpeza distraída no se daba por enterado. Para él sólo existía su hermanita, a quien cuidaba y ensañaba todo lo que sabía. Pero él no sabía lo suficiente, sobre pájaros, campo, animales e incluso plantas, sí, sobre eso no tenía dudas ni que el Señor Flores sabía más que él. Claro que estaba lejos del abuelo o de su papá, pero aún así los niños Berrios lo miraban con la boca abierta cuando él manejaba caballos, cazaba o nadaba. Hablaba poco pero lo suficiente para que los niños de alrededor lo miraran con respeto; todos, salvo el chanchito. Pero a nadie podía importarle lo que pensaran el chanchito y el chilo, su padre.
martes, septiembre 28, 2010
Modesto III
Afuera aún así frío y se sentía venir el otoño, aunque al mediodía estaría caluroso, pero ese día lunes Modesto estaría a esa hora en la escuela y no trabajando como si lo estaría haciendo Everaldo. En el campo de los Berrios se podía laborar bien, los patrones eran razonablemente amables e incluso dejaban que Modesto montara junto a los niños que vivían en la cazona o venían desde Santiago. Obviamente un muchacho grandote y fuerte tenía que llamar la atención de las niñas, incluso de las señoritas y el con un aire de torpeza distraída no se daba por enterado. Para él sólo existía su hermanita, a quien cuidaba y ensañaba todo lo que sabía. Pero él no sabía lo suficiente, sobre pájaros, campo, animales e incluso plantas, sí, sobre eso no tenía dudas ni que el Señor Flores sabía más que él. Claro que estaba lejos del abuelo o de su papá, pero aún así los niños Berrios lo miraban con la boca abierta cuando él manejaba caballos, cazaba o nadaba. Hablaba poco pero lo suficiente para que los niños de alrededor lo miraran con respeto; todos, salvo el chanchito. Pero a nadie podía importarle lo que pensaran el chanchito y el chilo, su padre.
Publicado por
RDaneel
en
7:23 p. m.
0
comentarios
lunes, septiembre 20, 2010
MODESTO II
Su hermanita lo miraba con atención mientras movía de un lado a otro uno de los postes medio podrido, tratando de aflojarlo. Finalmente el poste cedió, tomó el que había cortado de un árbol que crecía junto al río, agrandó un poco el hoyo que había dejado el viejo madero carcomido y puso en su lugar el nuevo. Su hermana le acercó un vaso de agua con harina tostada. Se lo tomó de un trago, se secó la frente y continuó.
- Ideas tuyas, el vecino ni siquiera nos habla.-
Publicado por
RDaneel
en
2:52 p. m.
0
comentarios
martes, mayo 11, 2010
Modesto I
Al fin bajó el segundo cerro y pasó la cerca que rodeaba la casa de la comadrona, donde lo recibieron con ladridos los perros. Llamó a gritos, la vieja que a tantos niños había recibido asomó su blanca y arrugada cabeza, le hizo una seña de que esperara; Modesto esperó. Cinco minutos después la Sra. Sara apareció con un pequeño canasto en un brazo y un bastón en la mano del otro brazo. Salieron acompañados de un perro chico y lanudo.
Publicado por
RDaneel
en
7:19 p. m.
1 comentarios
viernes, abril 23, 2010
Libros del mes
Publicado por
RDaneel
en
4:12 p. m.
0
comentarios
Etiquetas: libros del mes, Literatura
viernes, octubre 31, 2008
Adiós (segunda manera de despedirse)
Como era inevitable, siguió caminando hacía la esquina donde le esperaba, hasta que quedó plantado frente ella.
-Por qué no contestas mis llamadas? - Juan la miró a los ojos, abrió la boca indeciso, pero no dijo nada.-
Publicado por
RDaneel
en
2:42 p. m.
1 comentarios
lunes, octubre 27, 2008
Adiós (una de las maneras de despedirse)
Había que tomar un respiro, para pensar en lo que tenía que decir. En realidad era algo que me tomaría poco tiempo, una vez que tomara el valor necesario. Apagué el reproductor y me quedé pensando un momento, me lavanté y seguí caminando. Sentí una pequeña punzada en el costado, no fue más que un segundo, pero me inquietó, no porque fuera gran cosa, sino porque no quería que demostrar nada al llegar el momento del adiós.
Publicado por
RDaneel
en
6:58 p. m.
0
comentarios
sábado, septiembre 27, 2008
Tercer Intento
No tengo la sensación de que nos hayamos conocido antes, de déja Vú.
No creo que fueras tú, vestida de azul lavanda, quien estaba a orillas del mar, cuando yo pasaba cabalgando en el año 1206,
O cabalgando a mi lado en las guerras fronterizas, o allá en las Gallatin, hace cien años, tumbada junto a mí en la hierba de un verde plateado, sobre un pueblo de montaña.
Lo sé por la naturalidad con la que vistes ropa lujosa y por cómo mueves la boca cuando te diri¬ges al camarero en los buenos restaurantes.
Tú provienes de los castillos Y' de las catedrales, de la elegancia y del imperio."
Robert James Waller
Mañana a esta misma hora, esteré en el fondo de una antigua casa, tratando de derribar un par de paredes que me separan de un pasado del que no tengo ningún recuerdo.
De mi niñez sé casi nada, sólo un par de veces paseando en un parque vacío, tomado de la mano de mi mamá. Lo demás está bastante confuso, me dicen que era hijo único, que me había criado sin mi papá y que había estudiado ingeniería. También escuché que se suponía que estaba casado, que tenía un par de hermanos y no tenía hijos. Se supone que la casa, en cuyo fondo hay un cuarto grande, como para poner un estudio, era la casa que había comprado para vivir con mi familia, pero tampoco de eso recuerdo gran cosa.
La noche antes de volver a la casa grande, dormí poco y soñé mucho. A veces, era una playa, otras un techo y alguna otra cosa que se deformaba a penas despertaba. Al fin se hizo de día y me levanté para ir a tratar de recuperar algo que no sentía que extrañara demasiado. De todas formas la mirada de mi mamá me decía que tenía que hacerlo, así que salí temprano rumbo al barrio norte.
Mientras entraba a la casa donde se suponía vería parte de mi pasado, trataba de poner atención a lo que me iba diciendo la mujer que iba a mi lado, que según había escuchado era mi esposa, pero a medida de que ella hablaba más extraño me parecía el hecho de que estuviera casado con ella. La miraba a los ojos y en el fondo de sus pupilas no leía mucho más que la desesperación de esta extraña situación. No veía recuerdos felices, ni un amor perdido, tampoco la ternura de un reencuentro. Traté de no decir nada. Creo que era injusto juzgarla, más aún si se considera que no recordaba conocerla. Talvez habría que pensar en un nuevo inicio y conocernos de nuevo, pero me costaba verla, sus palabras me sonaban como ruido y a veces hasta me dolía la cabeza cuando me hablaba. Lo que sí podía ver en su mirada, era la pena que le causaba mi confusión.
De vuelta en casa, en el cuarto que había ocupado por un par de semanas, me quedé tendido, cerré los ojos y soñé. Estaba a orillas del mar preparando mi bote. Había mandado a alguien a tirar las redes, para recogerlas al otro día, sin embargo me avisaron que habían quedado mal puestas y debía ir a arreglarlas. Tomé un bulto con carnada, por si necitaba tirar las redes de nuevo y lo puse en el bote. No me cambié los zapatos, porque pensaba que no iba a demorar. Mientras una mujer me miraba con un chiquillo en brazos, yo comenzaba a empujar el bote hacía mar, salté adentro y comencé a remar. Volví mi cara hacía la playa y le hice un gesto de despedida a la mujer y en especial al niño, quien también levantaba su manito. Me adentré hacía el vasto océano y luego de algún rato, sin darme cuenta, me enrede con los zapatos y caí al agua y no volví a salir. Mientras descendía hacía la muerte, lo último que recordaba era al niño en brazos de la mujer y como levantaba su manito. Desperté mirando el techo.
Salí de la cama, me bañé, vestí y salí con rumbo a la casa grande. Sabía que ahi estaría la mujer que era mi esposa y también que luego llegaría un niño. Así fue, ella estaba ahí, sentada, con una mano en el vientre. Entré, la miré un momento y me fui al cuarto del fondo. Tomé la misma silla, la acerqué a la apertura del techo; ahora llevaba zapatillas, así que pude saltar fácilmente. Tenía que terminar lo que antes había intentado a lo menos dos veces.
Publicado por
RDaneel
en
2:18 p. m.
0
comentarios
viernes, agosto 29, 2008
Por qué me fui II

Caminé sin prisa, pensando en como reuniría mis cosas, en la nota para mamá (no creo que fuese a llorar, ella nunca lloraba), en Graciela y en un par de amigos. No pensé en Flor, ella siempre había sido buena vecina y Daniel siempre ha sido un buen tipo, por eso no me preocupaba. Aunque a veces me sentía incomodo con ella.
Cuando comencé a ir a su casa (Daniel, el marido, era compañero de la nocturna), hablé con ella, realmente lo hice. Le pregunté como estaba, que había hecho en el día y en que pensaba de esto o de aquello. Ella me miraba con un extraño brillo en los ojos como si estuviese a punto de llorar. Después de dos o tres diálogos parecidos, opté por no ir a su casa, a menos que estuviese Daniel.
Respecto a Graciela, pensé en ella mucho más que en nadie. Por aquel tiempo estaba enamorado, de hecho, era lo único que me había hecho dudar sobre irme. Pero ese día había considerado que debía buscar mejor suerte: "Volveré por ella, cuando sea otro. Cuando ella se sienta orgullosa de mi". Lo pensé de verdad, o al menos eso creía. Obviamente jamás volví, a estas alturas ya no tiene sentido preguntarme si le mentí cuando hice esa promesa o bien cambie tanto en el camino que en realidad cumplir mi palabra ya no tenía objeto. No dudo que era una buena mujer, hubiéramos sido felices juntos. Ella debe ser una buena esposa, no lo dudo, de hecho mamá me lo confirmó.
Volviendo a ese día, entré a casa de Flor, el pescado estaba listo y estaba acompañado de la forma que más me gusta, con ensalada de tomate. Flor agregó también varias rebanadas de pan amasado. Me senté a la mesa, di las gracias educadamente y comencé a comer. Tenía más hambre que nunca, así que casi no hablé mientras comía. La miré de reojo, parecía estar contenta.
-Muchas gracias, le quedó muy rico todo.
-¿Por qué me tratas de ud.? ¿Tan vieja soy?
-No, es que me parece lo más correcto. Pero no se preocupe por eso, no tendrá que enojarse más, porque hoy me voy para el norte.
Ella me quedó mirando un segundo y luego se giro hacía el lavaplatos.
-¿Por qué te vas?- Me pregunto dándome la espalda-.
-Ud. sabe, acá no hay mucho más que pueda hacer. Le agradezco por todo, se han portado muy bien conmigo. Salude a Daniel, no creo que alcance a despedirme de él. Ha sido un gran amigo y es un muy buen hombre.
- Bueno. Lo saludaré. Tú, ¿me vendrás a ver? ¿Me echaras de menos?
-Sí, los echaré mucho de menos.
-Si claro, nos echaras de menos. Lleva un pan para el viaje.
-Gracias, espero no haber molestado. Adiós.
No supe nada más de ella y su marido. Pero supongo que ya me olvidó. Siempre todo se olvida.
Subí hasta mi casa. Tomé un bolso no muy grande, guardé mis cosas, no muchas, pero si me llevé los libros verdes, me había costado mucho juntarlos, así que no los iba a abandonar. Escribí la nota para mamá, tomé el bolso y salí de la casa.
Bajé donde Graciela, hablamos, prometimos, creímos y lloramos. Luego me fui al terminal y de eso han pasado diez años.
Hoy volví a mirar el mar donde crecí y la playa donde trabajé por tantos años. Evoqué recuerdos, amigos y a Graciela. En un segundo se me inundaron los ojos de lágrimas. Pero cuando reflexioné, descubrí que era la sensibilidad de mi actual pérdida y en la pena que ahora siento no tenía mucho que ver con recuerdos del pasado. Flor, Graciela, Daniel, la feria y la playa eran parte de un nebuloso ayer, no son más que recuerdos, no hay un solo sentimiento vivo de aquéllos días. Eso me puso un poco triste. Pero también me dio cierto alivio el saber que la decepción que me llevó a este inútil viaje de rencuentros moriría, al cabo de un tiempo olvidaría todo. El dolor de hoy, sería archivado junto a otras tantas viejas fotos.
Publicado por
RDaneel
en
1:13 p. m.
1 comentarios
Etiquetas: Recuerdos
jueves, agosto 21, 2008
Por qué me fui I
Caminaba por la costanera y miraba como volaban las gaviotas sobre el agua. Era un día gris, las nubes gruesas amenazaban con terminar mi paseo en cualquier momento, pero no iba a apurar mi visita a la playa por un detalle como ese. Había comido bien, en un restaurante agradable que conocí en otra época. Me quedé mirando la arena, estaba bastante limpia para ser invierno, no se veían las tradicionales bolsas volando por el viento, ni la basura desparramada por todos lados. Subía el cerro rápido, pero una vez que llegaba a la casa, me quedaba dando vueltas ante la puerta. Me daba vergüenza pedir que me ayudaran a cocinar, porque en la casa no había nadie. Talvez podría hacer fuego en la casa y hacer de comer allá, pero comer solo me daba pena. Al final siempre entraba y me quedaba pegado en el dintel de la puerta de la cocina, con mis ojos fijos en mis zapatos. Florcita me sentía llegar, se giraba y mientras se reía, alargaba su brazo, como señal de que le pasara la bolsa.
Publicado por
RDaneel
en
1:16 p. m.
0
comentarios
Etiquetas: Coronel
sábado, junio 21, 2008
R. Daneel
El último libro en el que aparece es "Fundación y Tierra", historia en que le da los últimos toques a su plan de transformar a la galaxia en un superorganismo conciente a la manera de Gaia, con lo que acabaría con las interminables guerras entre los seres humanos.
Publicado por
RDaneel
en
9:42 p. m.
0
comentarios
Etiquetas: Literatura
jueves, mayo 29, 2008
Ojos sin rostro
Eso era todo por hoy, así que me paré y giré la llave de la puerta de mi casa y entré. Miré los sillones vacíos y la casa llena de polvo. Prendí la cocina y calenté café. Me senté un rato frente a la ventana para ver si se veía el mechón rojo en la ventana de la casa verde, pero no vi nada. Apuré el último trago de la taza y me fui a dormir. Soñé, como no lo hacía hace meses. Vi una playa larga y me vi corriendo por la orilla del mar y luego me sentaba y veía una silueta dibujada contra el sol del atardecer, no veía el rostro, sólo unos ojos claros y un mechón de pelo rojo. En eso me acerqué y me hice una visera con mi mano y alcanzaba a atisbar una sonrisa, pero de repente sentía un pinchazo en mi pierna, bajaba la vista instintivamente y al levantarla, ya no había nada.
Me desperté, eran ya las 6:00 am y debía partir, me esperaba una larga jornada haciendo clases en un liceo de la ciudad.
Estuve toda la mañana con el dolor de la pierna, pero lo único que me daba fuerzas para el día era que llegaría a casa, me sentaría en la bereda y escucharía el sonido del piano. Al fin salí del trabajo y partí a casa. Sin embargo cuando llegué la ventana del segundo piso, la última de izquierda a derecha, estaba cerrada y la cortina ocultaba su interior.
Pasaron los días y no veía a nadie en la casa verde, sólo de vez en cuando a un hombre de barba gris que se paseaba inquieto en él comedor de la planta baja.
Mi dolor era ya insoportable y sólo dormía después de tomar media botella de whisky. El trabajo se me hacía imposible y pasaba noches enteras en la ventana, mirando la casa vecina, mientras caía la lluvia y comenzaba el frío.
Lo último que recuerdo, fue cuando el tipo de barba gris corría las cortinas y ponía un cartel que decía "Se vende esta propiedad". Mi pierna me dolía más que nunca, mientras el dueño de la casa verde bajaba por el camino hacía el centro, protegido por un paraguas. Yo salí a la calle, miré hacía la playa y supe que debía hacer. Caminé hacia el muelle, el que estaba cerca de los roqueríos, me apollé en el borde, mientras la lluvia caía y el viento rugía. En las olas, navegué al fin sin dolor, mientras me destrozaba contra las rocas.
Publicado por
RDaneel
en
3:13 p. m.
2
comentarios
jueves, mayo 15, 2008
Campamentos
La última vez que fuimos de campamento fue para el fin de año del 2006, con mi familia. Fue bastante corto el asunto sí, ya que sólo estuvimos una noche en un camping frente a Playa Blanca, a medio camino entre Coronel y Lota. Aun así fue una noche agradable. Un asado, tragos varios y un corderito al palo de desayuno. Como para repetirlo.
Sin embargo el mejor momento en campamento que viví fue en el lago Maihue, en la hoy Región de Valdivia.
El asunto fue más o menos así: Con un grupo de 6 amigos de Coronel partimos desde Concepción y viajamos en bus hasta Valdivia. Allí tomamos una micro hacia el interior, específicamente hasta Futrono, que es un pueblo pequeño pero muy bonito a unos 50 kilometros de Valdivia. La idea era llegar a una localidad aún más pequeña, en la que uno de los viajeros había reservado un sitio a la orilla de un río. El lugar se llama Lliffen, ahí llegamos la tarde de un lunes, armamos el campamento y lo que vino luego fue...esperar que pasara la lluvia que caía como si despedazaran el cielo. Por tres días no quedamos mirando el cielo, saliendo lo justo desde la carpa y vigilando las nubes comentando las posibilidades de que por fin el cielo diera una tregua.
Los pocos ratos en que en esos tres días no llovió, fuimos a pescar a un lago que estaba a unos 10 minutos de camino, obviamente sin pescar nada, o bien escuchando como a lo lejos caía una cascada a cerca de 20 kilómetros de nuestro campamento. El silencio era impresionante y permitía un lujo como ese.
La cosa a pesar del bello paisaje pintaba para un desastre, ya que la lluvia no dejaba de caer. Así que al tercer día quien aparecía como el líder de la expedición nos propuso dos opciones:
1.- En vista del estado del tiempo nos devolviésemos con la cola entre las piernas a Coronel.
2.- Arrendáramos un furgón y subíamos más hacia la cordillera, a un lago llamado Maihue, con la esperanza de que el tiempo mejorara.
El valiente grupo, incluido yo, se decidió por la segunda opción. Fue así que levantamos el campamento, en medio de una lluvia algo más suave, cargamos nuestras cosas en un furgón medio destartalado que nos llevaría hacía nuestro nuevo destino. El cacharro no daba confianza, pero bueno, son las reglas de la aventura.
Lo que vi en el trayecto de Lliffen a Maihue hizo que valiera la pena todo el viaje. El camino hacía la precordillera estaba lleno de paredes rocosas casi verticales y gracias al agua que caía se habían formado unas cascadas que bajaban por esas paredes y que sólo durarían mientras cayera la lluvia. Mientras ascendíamos, el camino se salpicaba por columnas de agua en medio de un verde sobrecogedor.
Mientras viajábamos el chófer nos contaba de sus aventuras por la región. Alguien, no sé por qué, preguntó si en esa región abundaban los jabalíes.
-Sí- Dijo nuestro chófer y guía- Pero en esta época no bajan al lado del camino, porque como es verano se arrancan del ruido.
- Como los cazan?
- Lo más seguro es usar huachis (trampas de alambres), porque si no le apuntas bien con una escopeta se te van encima y son muy peligrosos. Tienen la cabeza tan dura, que las balas les rebotan.
Seguimos subiendo hacía el lago Maihue hasta que llegamos cerca de unos 20 kilómetros de la frontrera con Argentina y ahí rodeado de cerros, en el fondo de un valle, estaba el lago. La vista era sencillamente increíble, hacía el fondo dos montañas nevadas, unas cuantas casas desparramadas en los alrededores del lago.

Montamos las carpas y mientras seguía lloviendo, buscamos leña relativamente seca para tratar de encender una fogata. La lluvía era suave, pero si caía constantemente. Uno de mis amigos miraba escépticamente como nuestro "líder" con una paciencia a toda prueba soplaba y soplaba la leña medio húmeda, agregando trocitos de papel y pasto o corteza de árbol medio seca para encender el fuego. Así por casi una hora, hasta que ocurrió el milagro!!! Una gran hoguera se encendió y nosotros protegidos por el calor y unos árboles más o menos cercanos que impedían que lo peor de la lluvia nos mojara al fin sonreímos contentos.
Comenzó a caer la noche mientras tomábamos café y al fin cesó el aguacero. A la orilla del lago con un cielo estrellado hasta decir basta, tres de nosotros nos reunimos alrededor de una radio, con un tazón de sopa, escuchando en una emisora AM un partido de fútbol. Fui muy feliz en ese momento con el abrigo del fuego y el brillo de un millón de estrellas reflejadas en las cristalinas aguas del Maihue y la compañía de dos buenos amigos.
Al otro día compramos varios kilos de carne a unos lugareños que había faenado un vacuno ese mismo día. Mientras la carne se salaba y reposaba, nos fuimos a la orilla del lago a pescar y sacamos dos truchas que hicimos al palo. Luego vino el asado y la siesta bajo los árboles.
Al otro día partimos, yo no quería irme y pensaba en seguir en viaje por una semana más hacía el sur, eso hasta que me senté en el bus hacía Valdivia, ahí con el relajó me vinieron dolores por todo el cuerpo y supe que debía volver a casa.
Publicado por
RDaneel
en
8:27 p. m.
4
comentarios
Etiquetas: aventuras, Vacaciones
jueves, abril 17, 2008
Vacaciones III
Sin embargo, a pesar de que no tuve molestias mayores durante el viaje, no me sentía cómodo.
Pero no tenía dolores, ni me sentía afiebrado, ni decaído, pero ocurría algo extraño: sudaba mucho todo el viaje. No hacía demasiado calor en el bus, ni me sentía con fiebre, pero aun así mi polera quedó empapada de sudor.
Pensé que eso no era normal, así que en cuanto llegué al terminal de buses de inmediato tomé un taxi hacía la Posta Central. Ahí pagué la atención, me dirigí a una antesala que clasificaba a los enfermos de acuerdo a su gravedad. La enfermera a cargo me midió la saturación de oxigeno y la presión arterial y me derivó a la unidad de los pacientes menos graves, ya que estaba en rangos normales. Tuve la fortuna de que me atendieran casi de inmediato. Me ordenaron una radiografía y un examen de sangre. La radiografía mostró algunas exacerbaciones en los pulmones, pero de menor importancia, lo que sumado al hecho de que no tenía fiebre y mi saturación de oxigeno era normal, indicaba que podía tener una infección leve. Por ello se me planteo que dependiendo del examen de sangre me podría ir a la casa con antibióticos y control en el hospital donde me trataba. Infectado estaba, ya que la sudoración era una forma de fiebre según me indicó la médico. Sin embargo el examen de sangre, indicó un conteo de leucocitos de 17.000 unidades (lo normal va de rangos de 5.000 a 9.000), lo que sumado a otros indicadores apuntaban a una infección activa. Con exámenes tan alterados, no me podía ir.
Así fue como me dejaron hospitalizado en un box desde el viernes 7 al lunes 10 de marzo, sin visitas, sin teléfono, sin radio y acostado en una camilla, sin poder dormir. Claro está que si uno está en una camilla, en un box de urgencia, donde llegan pacientes todo el día y toda la noche y nunca se apaga la luz, ni cesa el movimiento es imposible descansar.
De los Médicos de la Posta no puedo decir nada, su calidad profesional es incuestionable. Pero la indignidad de estar en esas condiciones supera lo que cualquier persona debe vivir. Acepto que hay situaciones de emergencia en que no hay más opción, sin embargo creo que tres días en una camilla, en un box, sin poder hacerme un aseo y sin poder ir al baño supera la tolerancia de cualquier ser humano.
Finalmente el día martes en la mañana fui trasladado al Instituto Nacional del Tórax, donde estuve otros 9 nueve días. El tratamiento en Concepción había sido insuficiente y darme de alta sin exámenes de control fue una irresponsabilidad. Afortunadamente, llegué en relativo buen estado a Santiago y acudí de inmediato a la Posta, así que pude tratarme y recuperarme a tiempo.
Las conclusiones acerca de mi salud fueron:
-Que para el tipo de lesiones pulmonares, si se presenta una infección un tratamiento antibiótico debe ser fuerte y prolongado, de alrededor de 21 días en total.
-Debo tener sesiones con kinesiólogo 2 veces por semana.
-Debo tomar tres clases de inhaladores diarios.
-Debí vacunarme contra la gripe y la neumonía, además de evitar resfríos.
Las conclusiones sobre el sistema de salud son:
- Mientras más lejos del centro, peor es la atención y esto debe costar cientos de vidas.
- Existe crisis hospitalaria y es grave.
- Lo anterior lleva a situaciones indignas, como la que yo viví y que se deben repetir todos los días.
Ojalá que alguien lea esto y se sensibilice con este desastre, ya que ayer fui yo, quizá mañana serás tú.
Publicado por
RDaneel
en
2:52 p. m.
1 comentarios
martes, marzo 25, 2008
Vacaciones II
El colmo de los horrores lo viví a los tres días de mi llegada, eran como las 20:00 horas y había caído una lluvia sobre la ciudad, la que había finalizado unas horas antes, me levanté para ir al baño y lo que vi me dio mucha pena, los lavamanos estaban totalmente cubiertos de pequeños bichos de color verde. Al entrar en uno de los baños me encontré de frente con una cucaracha.
Después de ese espectáculo lo único que se me pasaba por la mente era tratar de mejorarme lo antes posible, para no tener tiempo de agarrar una infección intrahospitalaria. Con ese ánimo regresé a mi sala, donde hice buenas migas con el interno que me atendía, con varios de los pacientes y con el kinesiólogo que resultó ser de lo más competente que he visto en mis años como usuario de esa clase de atención.
También conté con la visita diaria de mi mamá y de mi hermano y con los numerosos llamados de mis amigos, lo que sumado a que me sentía en buenas condiciones de generales,me hacía más llevadero el asunto. Aún así pasaba todo el día leyendo diarios y escuchando radio, con el fin de evadirme, de cierta forma, de lo que estaba viviendo.
Médicamente, me dijeron con el asunto no era tan de cuidado como me dijeron cuando me internaron y que como había estado sin fiebre y en buenas condiciones generales, bastaba con 5 días de tratamiento antibiótico intravenoso y 3 días más tratamiento oral. Así, al séptimo día me dieron de alta, sin radiografías de control, ni exámenes que corroboraran mi real estado. De esta manera el 5 de marzo me fui a casa de mi hermano, donde pasé dos días y el día 7 tomé el bus rumbo a Santiago; quería llegar lo antes posible a mi departamento, desgraciadamente a veces los deseos no se cumplen...
Publicado por
RDaneel
en
8:36 a. m.
2
comentarios
sábado, marzo 22, 2008
Vacaciones I
Al otro día también almorcé en el mercado, fuimos a dar una vuelta por varios lugares del pueblo y no me sentí sino algo más congestionado de lo habitual. Sin embargo, cerca de las 19:00 tuve un síntoma inquietante, escupí algo de sangre. Lo atribuí al esfuerzo causado por la congestión, así que decidí descansar y partir a primera hora del día siguiente para Santiago y ver médico allá, además de no correr mayores riesgos. De todas formas a la mañana siguiente fui al hospital de Lebu a ver si me atendían de urgencia. Me atendieron: me hicieron una nebulización y me inyectaron un corticoide, pero como no tenía fiebre, ni dolores ni nada me dijeron que me fuera para mi casa. No quedé para nada conforme con eso, así que tomé un bus de vuelta a Concepción y en vez de irme a la casa, me fui al hospital Regional de Concepción, donde me ordenaron algunos exámenes y estuve desde las 14:00 hrs. hasta las 21:00 esperando alguna decisión. Finalmente concluyeron que me debía internar con un tratamiento que se suponía duraría alrededor de 21 días. Pasé la noche en una camilla y al día siguiente me subieron a una pieza y pude dormir en una cama, leer los diarios y escuchar radio. Me sentía bien en terminos generales. Corría el día 28 de febrero.
Publicado por
RDaneel
en
12:29 p. m.
1 comentarios
martes, febrero 12, 2008
Ética
Pero en la mayoría de los conflictos que enfrentamos a diario, el principio que debemos aplicar no es indiscutible, sino que a menudo hay más de un principio en juego, entonces la cosa ya no es tan simple. ¿Debemos defender a alguien que sabemos es indefendible, para que el sistema sea pleno o debemos oponer objeción de conciencia? ¿Justicia material o justicia formal? ¿Cuál es limite para aprovechar los errores de una contraparte?
Una vez en un ramo de en la U nos plantearon cierto dilema. Nos encontramos con un colega contra el cual litigamos, pero no es nuestro amigo. Intercambiamos un par de palabras con él y al despedirnos el dice "nos vemos en la audiencia del viernes". En ese momento recordamos que la audiencia en realidad es el jueves; ¿Sacamos del error a nuestro colega? ¿Está dentro de los límites éticos aprovechar el despiste de nuestro adversario? No influiré al lector con mi respuesta. ¿Cuál sería la de ustedes?
Publicado por
RDaneel
en
4:16 p. m.
6
comentarios
jueves, febrero 07, 2008
No hay libros que comentar
1.- No tengo ningún libro en papel que me haya motivado lo suficiente. Lo más cercano es "Los Hermanos Karamazov", pero Dostoiesvski nunca ha sido uno de mis autores predilectos. Lo que más me ha llamado la atención lo tengo en el PC. Una es una novela historica llamada "El conde Belisario" y la otra es "2010: Odisea dos" de A. Clark, que la tengo bastante avanzada.
2.- En enero viaje a lo menos tres veces a Concepciónn para solucionar el problema de un cliente hinchapelota. Eso da para un post pero no lo haré, por razones de salud mental. Algunos podrán pensar que viajr tanto da la oportunidad de leer más. Eso puede ser cierto para otros, pero no para mi, ya que leer en los buses me produce mareos.
Espero que en marzo o a fines de febrero pueda comentar algún libro nuevo.
Publicado por
RDaneel
en
11:30 a. m.
0
comentarios
Etiquetas: libros del mes
viernes, febrero 01, 2008
Trabajo
Publicado por
RDaneel
en
8:27 p. m.
0
comentarios
Etiquetas: Trabajo
jueves, enero 24, 2008
Estadios y comidas
Por eso se me vinieron a la memoria otros estadios, mucho mejor dotados culinariamnte. Así, mientras deboraba mis aceitosas empanadas, recordé que en el Santa Laura se come pernil palta a $1000, el que acompañado de su salsita verde anima a cualquiera, vaya como vaya el partido. Y si en una de esas se queda con hambre, se le hace empeño a uno de potito a la salida.
En el Federico Schwager de Coronel, son infaltables los berlines y las empanaditas de horno, todo por no más de $300, aunque las empanadas eran bien chicas, aunque de horno. En el Regional de Concepción se comen unas tradicionales sopaipillas gigantes, a $200 creo, acompañadas por un cafecito por $300.
En la Calera comí un completo en un carrito que estaba instalado cerca de donde estaba la barra de Lota Schwager. En San Carlos recuerdo que sólo me tomé un café con un paquete de galletas, anda por ahí con el monumental. En el Santiago Bueras no comí nada y al Nacional nunca he ido a ver fútbol.
Por cierto, me falta ir a Puerto Montt donde dicen que venden papas rellenas en el estadio y en Chillán parece que hay choripanes, habrá que comprobarlo en terreno.
Publicado por
RDaneel
en
12:26 p. m.
2
comentarios
domingo, enero 13, 2008
Mis últimas vacaciones
Ese año viajé a Llanquihue, a la casa de la hermana de una de mis cuñadas. Salí desde Concepción, hasta Puerto Montt y de ahí tomé un mini bus a Llanquihue. Después de perderme un rato, di con el cuartel de carabineros, donde trabajaba el esposo de la hermana de mi cuñada.
Me recibieron muy bien, así que pude poner en ejecución mi plan, que era usar esa casa de centro de operaciones, ya que Llanquihue queda muy cerca de otros destinos entretenidos; a media hora de Puerto Varas, a poco más de 40 minutos de Puerto Montt y no muy lejos del lago Todos Los Santos.
El primer día visité Puerto Varas, conocí el casino de esa ciudad. Me gustaron mucho las iglesias y la costanera del lago Llanquihue. Al otro día avancé hacia la cordillera y conocí el lago Todos los Santos, que tiene la increíble particularidad de poseer un color esmeralda. Según lo que supe, esto se debe a que el fondo del lago es volcánico y muy profundo. Después de un rato comencé a caminar por la misma ruta por la que había llegado, con la idea de disfrutar de la orilla del río Petrohue que me había parecido muy lindo cuando lo vi de pasada en la micro en que había llegado al lago. Claro que no contaba con que andaban miles de tábanos que me rodeaban, así que sumado al calor y el camino de tierra, hicieron a la caminata algo menos agradable de lo que pensaba. Pero cuando llegué al río Petrohue, vi que los 9 kilómetros a pie habían valido la pena. El río era espectacular, como esas fotos de calendarios antiguos, agua azul y fría, no pude resistir me a probarla.
Al otro día fuí a Puerto Montt, donde realicé dos actividades: primero visité Angelmó, donde hay un mercado tradicional, en que se come muy bien; lo segundo que hice fue juntarme con una amiga de Coronel, que casualmente estaba de vacaciones en Puerto Montt. Conversamos un rato, nos tomamos un café y nos comimos un pastelito en una cafetería del centro. Hasta hoy, una de las cosas que más recuerdo es los mariscos que comí en Angelmó y un paseo en lancha por la bahía de Puerto Montt.
Al otro día me quedé en Llanquihue para descansar un poco de mis aventuras. Luego de eso, agradecí la hospitalidad de la familia que me había acogido y partí hacía Chiloé donde pensaba pagar en algún lugar barato por una noche, a lo menos. Llegué a Ancud cerca de las 14 horas. Me quedé tirado un rato frente a la bahía y me vino una crisis de soledad, así que pensé tomar el bus de vuelta de inmediato. Cuando ya me iba cargando mi mochila, casualmente pasé por la plaza del pueblo donde había un montón de gente jugando ajedrez. Así que me incorporé al grupo y jugué un par de horas. Después de ese relajo, decidí quedarme por un día, tal como lo había planeado, ya que era todo lo que me permitía el dinero que me quedaba.
Publicado por
RDaneel
en
7:21 a. m.
1 comentarios
Etiquetas: Recuerdos












